
Existen numerosos estudios médicos que avalan los beneficios de una siesta (aunque sea de corta duración).
Además de recuperar energías y descansar un rato, se asegura que previene el envejecimiento, reduce la presión arterial, combate el estrés y alarga la vida.

La siesta ganó prestigio y en diversas ciudades del mundo, las empresas tratan de implementar un espacio en las oficinas, para que los empleados puedan dormir una siestita después del mediodía y ganar en productividad.
Esto ya está generando un nuevo negocio: En el centro de New York se alquilan espacios para descansar por media hora a precios considerables.
Si la gente del interior de mi país conociera estos reductos para dormir por los que hay que pagar, creo que sonreirían porque esta es una costumbre ancestral, arraigada en los pueblos, especialmente en los más calurosos, donde a las cuatro de la tarde no vuela ni una mosca, todos duermen la benéfica siesta y no se encuentra ningún local abierto.

Yo soy una noctámbula, como lo he contado antes en este blog, por lo que la siesta después del almuerzo no encaja con mis horarios habituales. Hace poco escuché hablar de la “siesta de la Cocotte” (antigua mujer francesa, de vida ligera, que dormía una horita después de las siete de la tarde, para recomponerse, antes de sus citas con amantes ocasionales).
Descartando el objetivo de la astuta mujer, que seguramente se despertaba rozagante y luminosa, coincido con la Cocotte en la elección del horario de mi siesta.
Antes de cenar, a eso de las siete u ocho de la noche, a veces me gusta dormir un rato sobre la cama, con una manta, a sabiendas de que, al despertar, estaré renovada para el resto del día, mejor dicho: tengo mi amada Noche por delante: me esperan horas de libros, escritos, silencio…

Así como los hombres de pueblo honraron siempre este rato de sueño reconfortante, sin saber de los actuales estudios científicos, los pintores también han pintado hermosas siestas, más bien por la intuición de que se trataba de un momento bello y placentero, que merecía ser inmortalizado en su arte. Disfrutemos de sus imágenes como si tomáramos una breve siesta reparadora.










