He buscado dos obras “primaverales”, ambas ingenuas, pero con un toque surrealista, ya que la joven y la niña de mis pinturas conviven con flores gigantescas, como en un sueño.
Intenté expresar mi renovado asombro por la naturaleza que revive cada año y al mismo tiempo, un tono de melancolía por lo efímero de esa misma belleza.
He pintado con esmero los pastos; cada brote una pincelada. Quise lograr un pasto mullido, espeso y fresco, donde sea un verdadero placer andar descalza. Al delinear los bellos pies de estas mujercitas, juro que experimenté yo misma esa frescura: el rocío de la primavera.
“Última primavera del milenio”, acrílico sobre tela, 40 x 60cm, año 1999.
“Un niño me preguntó: ¿Qué es la hierba?, trayéndola a manos llenas,
¿Cómo podría contestarle? Yo tampoco lo sé.
Sospecho que es la bandera de mi carácter tejida con esperanzada tela verde.
O el pañuelo de Dios,
Una prenda fragante dejada caer a propósito,
Con el nombre del dueño en alguna punta, para que lo veamos y lo notemos y nos preguntemos, ¿de quién?
O sospecho que la hierba misma es un niño, el recién nacido de la tierra.
O un jeroglífico uniforme,
Que significa: crezco por igual en las regiones vastas y en las estrechas,
Crezco por igual entre los negros y los blancos,
Canadiense, piel roja, senador, inmigrante, a todos me entrego y a todos los recibo.
Y ahora se me figura que es la cabellera suelta y hermosa de las tumbas…”
( de “Hojas de hierba”, Walt Whitman- traducción de Jorge Luis Borges)
“Entre girasoles”, acrílico sobre tela, 76 x 91cm, año 1997.









