by Graciela Bello. ART, LOVE & PEACE!!!

MI VERDADERO OFICIO...

"Yo no existía para hacer versos, para predicar o para pintar. Ni yo, ni ningún otro hombre existíamos para eso. Todo ello era secundario... El verdadero oficio de cada uno era tan sólo llegar hasta sí mismo. Luego podía terminar en poeta o en loco, en profeta o en criminal. Eso no era cosa suya, y, además en último término, carecía de todo alcance. Su misión era encontrar su destino propio, no uno cualquiera, y vivirlo por entero hasta el final." (Demian, Herman Hesse)

ESTE ES MI MUNDO. TE INVITO A CONOCERLO!!!

ESTE ES MI MUNDO. TE INVITO A CONOCERLO!!!
Graciela Bello, artista argentina contemporánea.
"Si alguna vez me retiro, por razones humanas o no humanas, no debes jamás tener miedo de buscarme porque siempre sabrás encontrarme cuando así lo anheles. Más tarde nos comunicaremos de una manera tan perfecta que los terrores y debilidades se transformarán radicalmente en puentes." (Leonora Carrington)

"Si tú eres un espejo para mí, yo seré un espejo para ti, ayúdame a conocerme, y yo te ayudaré a conocerte".(Louise Bourgeois)



sábado 24 de octubre de 2009

VIAJE

Mi querido Julio Cortázar distinguía a dos clases de personas: los Cronopios y los Famas.
En general, los cronopios son mostrados como seres idealistas, desordenados, hipersensibles y no convencionales, en contraste con los famas que son estructurados, organizados y sentenciosos, siempre hacen lo que el mundo considera “correcto”.
Cortázar aclaró que el término “cronopio” no tiene relación con el prefijo “crono”(tiempo), y se refirió a estos relatos como una especie de juego, que le gustó mucho realizar.
Por mi espíritu de artista, podría decir que tengo alma de cronopio. Aunque los avatares de la vida me han llevado, a veces, a ser tan organizada como un fama.
Generalmente cuando viajo, busco información, mapas, me convierto casi en una guía turística.
Pero esta vez, llega una exposición surrealista en Chile que esperaba con emoción , pero no he tenido tiempo para las tareas propias de los famas.
Así que he decidido viajar igual, algo desordenada, despreocupada y ligera de equipaje como un cronopio.
Y espero que me vaya muy bien.
Volveré en Noviembre. Los llevo en mi corazón!



…“Cuando los cronopios van de viaje, encuentran los hoteles llenos, los trenes ya se han marchado, llueve a gritos y los taxis no quieren llevarlos o les cobran precios altísimos. Los cronopios no se desaniman porque creen firmemente que estas cosas les ocurren a todos, y a la hora de dormir se dicen unos a otros:“La hermosa ciudad, la hermosísima ciudad.” Y sueñan toda la noche que en la ciudad hay grandes fiestas y que ellos están invitados. Al otro día se levantan contentísimos, y así es como viajan los cronopios…”

(Julio Cortázar. Fragmento de “Viajes”, Historias de Cronopios y de Famas)


martes 20 de octubre de 2009

BUENOS AIRES

("Melancolía de fin de fiesta", acrílico y collage, 60cm x70 cm)


BUENOS AIRES

Y la ciudad, ahora, es como un plano
de mis humillaciones y fracasos;
desde esa puerta he visto los ocasos
y ante ese mármol he aguardado en vano.

Aquí el incierto ayer y el hoy distinto
me han deparado los comunes casos
de toda suerte humana; aquí mis pasos
urden su incalculable laberinto.

Aquí la tarde cenicienta espera
el fruto que le debe la mañana;
aquí mi sombra en la no menos vana

sombra final se perderá, ligera.
No nos une el amor sino el espanto
será por eso que la quiero tanto.


(Jorge Luis Borges)

("Diversiones nocturnas", acrílico y collage, 60cm x 80 cm)

sábado 17 de octubre de 2009

FELIZ DÍA DE LA MADRE!!!!

El tercer domingo de octubre festejamos en la Argentina el "Día de la Madre".
Desde aquí les mando un beso a todas las mamás. Felicidades!!!!

















Graciela y Alejo hace 20 años.

Graciela y Alejo en la actualidad. El mismo amor y la misma alegría.

martes 13 de octubre de 2009

"TRAVESURAS DE COMODINES"





De niña, unas señoras “muy aseñoradas”, tías de una tía, me enseñaron a jugar a la canasta. Entonces registré la imagen siempre estática y sonriente de estos arlequines bicolor, que en el juego se llamaban “comodines”.
Cuando comencé a pintar la serie de “Los equilibristas” me acordé de ellos y pensé en darles otra oportunidad que los hiciera más felices.
¿Acaso a quién no le gustaría salir de su propio esquema cotidiano, huir de su limitada existencia, tan pequeña como un naipe de cartón?
¿Quién no disfrutaría, a veces, con escapar del mazo de cartas, desbaratar el juego y fluir por el espacio libre como el viento: jugar, brincar, volar…?
¿O arriesgarse a viajar sin destino en un monociclo destartalado, hamacarse de cabeza en un trapecio, patear la pelota de la melancolía al infinito, flotar por los aires en una mágica sombrilla o en un ramillete de globos rumbo a la deriva…?
En la soñada eternidad de mis pinturas los he dejado libres. Les he permitido vivir sus aventuras y me he infiltrado (camuflada de arlequina) cada vez que necesito huir de la rutina y fugarme a un mundo sin reglas, disparatado y feliz.



domingo 11 de octubre de 2009

LA ALEGRÍA CURA.

La risa es una potente herramienta curativa. Reírse con todo el cuerpo provoca la participación de 400 músculos, se liberan endorfinas, se segrega adrenalina, se ventilan los pulmones, se relajan los músculos, se tranquilizan los nervios, aumenta el deseo sexual, alivia las digestiones, evita los resfríos, retrasa el envejecimiento y aumenta la vitalidad general. Es un estímulo eficaz contra el stress, la depresión y la tristeza.
Norman Cousins, editor de revistas norteamericano, realizó un gran aporte a la medicina tradicional al expresar públicamente la correlación entre el humor y la salud. Él mismo se curó de una seria enfermedad que amenazaba su vida con una actitud positiva, fuertes dosis de vitamina C, comida natural y...películas de los hermanos Marx!!! Notó los efectos curativos de las carcajadas y dio origen a la llamada “Risoterapia” o terapia de la risa.
No hay nada más contagioso que la risa. Los invito a ver el video que me envió una amiga y motivó este post.
La risa embellece, descarga, purifica, relaja. Humaniza, hermana y rejuvenece. La alegría cura. Que tengas un día feliz!


viernes 9 de octubre de 2009

¿LA TECNOLOGÍA NOS CONVIERTE EN PEREZOSOS?

Hace poco tiempo descubrí un blog con el que me identifiqué de inmediato:La buhardilla de José. Sintetizando sus palabras: es una especie de altillo donde se conservan libretas de apuntes, discos de vinilo, viejas revistas, fotos…un refugio donde se protegen la magia, la poesía, el pensamiento, el silencio…y no hay televisión ni luces de neón. En dicha buhardilla encontré la reflexión algo extensa pero imperdible, que transcribo a continuación. La ilustro con otra de mis recientes arboledas ingenuas.

"Arboleda nocturna", Graciela Bello, acrílico sobre tela, 120cm x 50 cm, año 2009

El móvil de Hansel y Gretel (por Hernán Casciari)

"Anoche le contaba a la Nina un cuento infantil muy famoso, el Hansel y Gretel de los hermanos Grimm. En el momento más tenebroso de la aventura los niños descubren que unos pájaros se han comido las estratégicas bolitas de pan, un sistema muy simple que los hermanitos habían ideado para regresar a casa. Hansel y Gretel se descubren solos en el bosque, perdidos, y comienza a anochecer. Mi hija me dice, justo en ese punto de clímax narrativo: “No importa. Que lo llamen al papá por el móvil”.
Yo entonces pensé, por primera vez, que mi hija no tiene una noción de la vida ajena a la telefonía inalámbrica. Y al mismo tiempo descubrí qué espantosa resultaría la literatura —toda ella, en general— si el teléfono móvil hubiera existido siempre, como cree mi hija de cuatro años.
Cuántos clásicos habrían perdido su nudo dramático, cuántas tramas hubieran muerto antes de nacer, y sobre todo qué fácil se habrían solucionado los intríngulis más célebres de las grandes historias de ficción.
Piense el lector, ahora mismo, en una historia clásica, en cualquiera que se le ocurra. Desde la Odisea hasta Pinocho, pasando por El viejo y el mar, Macbeth, El hombre de la esquina rosada o La familia de Pascual Duarte. No importa si el argumento es elevado o popular, no importa la época ni la geografía.
Piense el lector, ahora mismo, en una historia clásica que conozca al dedillo, con introducción, con nudo y con desenlace.
¿Ya está?
Muy bien. Ahora ponga un teléfono móvil en el bolsillo del protagonista. No un viejo aparato negro empotrado en una pared, sino un teléfono como los que existen hoy: con cobertura, con conexión a correo electrónico y chat, con saldo para enviar mensajes de texto y con la posibilidad de realizar llamadas internacionales cuatribanda.
¿Qué pasa con la historia elegida? ¿Funciona la trama como una seda, ahora que los personajes pueden llamarse desde cualquier sitio, ahora que tienen la opción de chatear, generar videoconferencias y enviarse mensajes de texto? ¿Verdad que no funciona un carajo?
La Nina, sin darse cuenta, me abrió anoche la puerta a una teoría espeluznante:
la telefonía inalámbrica va a hacer añicos las nuevas historias que narremos, las convertirá en anécdotas tecnológicas de calidad menor.
Con un teléfono en las manos, por ejemplo, Penélope ya no espera con incertidumbre a que el guerrero Ulises regrese del combate.
Con un móvil en la canasta, Caperucita alerta a la abuela a tiempo y la llegada del leñador no es necesaria.
Con telefonito, el Coronel sí tiene quién le escriba algún mensaje, aunque fuese spam.
Y Tom Sawyer no se pierde en el Mississippi, gracias al servicio de localización de personas de Telefónica.
Y el chanchito de la casa de madera le avisa a su hermano que el lobo está yendo para allí.
Y Gepetto recibe una alerta de la escuela, avisando que Pinocho no llegó por la mañana.
Un enorme porcentaje de las historias escritas (o cantadas, o representadas) en los veinte siglos que anteceden al actual, han tenido como principal fuente de conflicto la distancia, el desencuentro y la incomunicación. Han podido existir gracias a la ausencia de telefonía móvil.
Ninguna historia de amor, por ejemplo, habría sido trágica o complicada, si los amantes esquivos hubieran tenido un teléfono en el bolsillo de la camisa. La historia romántica por excelencia (Romeo y Julieta, de Shakespeare) basa toda su tensión dramática final en una incomunicación fortuita: la amante finge un suicidio, el enamorado la cree muerta y se mata, y entonces ella, al despertar, se suicida de verdad. (Perdón por el espoiler.)
Si Julieta hubiese tenido teléfono móvil, le habría escrito un mensajito de texto a Romeo en el capítulo seis:
M HGO LA MUERTA,PERO NO STOY MUERTA.NO T PRCUPES NIHGAS IDIOTCES. BSO.
Y todo el grandísimo problemón dramático de los capítulos siguientes se habría evaporado. Las últimas cuarenta páginas de la obra no tendrían gollete, no se hubieran escrito nunca, si en la Verona del siglo catorce hubiera existido la promoción “Banda ancha móvil” de Movistar.
...La bruja del clásico ’Blancanieves’ no consultaría todas las noches al espejo sobre “quién es la mujer más bella del mundo”, porque el coste por llamada del oráculo sería de 1,90€ la conexión y 0,60€ el minuto; se contentaría con preguntarlo una o dos veces al mes. Y al final se cansaría.
También nosotros nos cansaríamos, nos aburriríamos, con estas historias de solución automática. Todas las intrigas, los secretos y los destiempos de la literatura (los grandes obstáculos que siempre generaron las grandes tramas) fracasarían en la era de la telefonía móvil y del wifi.
Todo ese maravilloso cine romántico en el que, al final, el muchacho corre como loco por la ciudad, a contra reloj, porque su amada está a punto de tomar un avión, se soluciona hoy con un SMS de cuatro líneas.
Ya no hay ese apuro cursi, ese remordimiento, aquella explicación que nunca llega; no hay que detener a los aviones ni cruzar los mares. No hay que dejar bolitas de pan en el bosque para recordar el camino de regreso a casa.
La telefonía inalámbrica —vino a decirme anoche la Nina, sin querer— nos va a entorpecer las historias que contemos de ahora en adelante. Las hará más tristes, menos sosegadas, mucho más predecibles.
Y me pregunto, ¿no estará acaso ocurriendo lo mismo con la vida real, no estaremos privándonos de aventuras novelescas por culpa de la conexión permanente? ¿Alguno de nosotros, alguna vez, correrá desesperado al aeropuerto para decirle a la mujer que ama que no suba a ese avión, que la vida es aquí y ahora?
No. Le enviaremos un mensaje de texto lastimoso, un mensaje breve desde el sofá. Cuatro líneas con mayúsculas. Quizá le haremos una llamada perdida, y cruzaremos los dedos para que ella, la mujer amada, no tenga su telefonito en modo vibrador. ¿Para qué hacer el esfuerzo de vivir al borde de la aventura, si algo siempre nos va a interrumpir la incertidumbre? Una llamada a tiempo, un mensaje binario, una alarma.
Nuestro cielo ya está infectado de señales y secretos: cuidado que el duque está yendo allí para matarte, ojo que la manzana está envenenada, no vuelvo esta noche a casa porque he bebido, si le das un beso a la muchacha se despierta y te ama. Papá, ven a buscarnos que unos pájaros se han comido las migas de pan.
Nuestras tramas están perdiendo el brillo —las escritas, las vividas, incluso las imaginadas— porque nos hemos convertido en héroes perezosos".

domingo 4 de octubre de 2009

"Dos mujeres y sus plantas".

("Arboleda de ensueño", acrílico sobre tela, 120 cm x 50 cm, año 2009)

Mi abuela siempre decía que en agosto retornaban los días cálidos, aunque nuestra primavera llega recién a fines de septiembre.
El domingo 31 de agosto a la tarde estaba realmente caluroso y después de varios meses, decidí abrir el balcón de mi taller.
Al deslizar la puerta corrediza y sentir el aire cálido que entraba desde la calle, me dí cuenta de lo encerrada que había pasado este largo invierno. Levanté todas las cortinas, entusiasmada por la luz natural que iluminaría mi mesa de trabajo.
La luz, a esa hora, no era suficiente para pintar, por lo que encendí una lámpara dirigida sobre el bastidor de tela, parecida a las que tienen los arquitectos en sus tableros de dibujo.
Desde afuera supongo que se veía un pequeño balcón, un ventanal abierto y en el interior: un atril, cuadros apilados sobre las paredes, rollos de papel y una mesa escritorio iluminada, en la que trabajaba una mujer de delantal naranja, entre tarros de colores, frascos de agua y muchos pinceles. La mujer muy concentrada llevaba su mano del dibujo a los frascos de color, al agua, al trapo arrugado sobre la mesa, una y otra vez, pintando algo que desde afuera no se podía ver. Se escuchaba de fondo, una música en la radio, única compañía de la solitaria mujer, que parecía muy entretenida en su tarea.
De pronto, algo la distrajo. Miró hacia fuera y en el balcón de enfrente, pudo ver a otra mujer, también entusiasmada por el calor recién llegado, en vestido casi playero y ojotas. Se disponía a arreglar sus plantas. La mujer del balcón se agachó y comenzó a quitar las hojas secas y a remover la tierra de las macetas.
Entretanto, la mujer del taller pintaba una arboleda, tomaba un tono rojizo para algunas copas y un ocre iluminado para otras. La mujer del balcón la distrajo y su mirada comenzó a alternar del cuadro al balcón, de las hojas de los árboles que pintaba, a la figura de la otra mujer, que llegaba de nuevo con una regadera y comenzaba a mojar las plantas; algunas ya tenían las primeras flores.
En ese instante, entre pinceladas, de dio cuenta de que las dos estaban haciendo exactamente lo mismo, cada una ensimismada en su propio reino vegetal.
La lámpara del taller ya brillaba en el atardecer de la ciudad y la mujer del balcón reparó en la luz del ventanal y descubrió a la pintora de domingo. Mientras seguía arreglando sus macetas, cada tanto la observaba.
Y así siguieron por más de media hora, disimulando sus miradas, trabajando ambas con sus plantas.
Supongo que la cándida señora del balcón, que eternizaba la tarde de domingo, debió pensar: ¡Qué lindo sería pintar como la desconocida vecina del taller de enfrente!
Quizás por un momento le hubiera gustado ser esa pintora.
Lo que seguramente no imaginó, es que la mujer que pintaba, al ver a la vecina acariciando las hojas húmedas y la tierra fresca, añoraba ser aquella otra que regaba las plantas, esa misma cálida tarde que se terminaba agosto…