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Hoy, tercer domingo de junio, se festeja en Argentina el Día del Padre. Le he comprado una bufanda y unos chocolates a mi marido y mi hijo ha cocinado un budín delicioso que aprendió en el blog de la sirena. Pero, además de eso, en casa no hemos celebrado mucho: perdí a mi padre hace pocos años y aún extraño la voz grave y la sonrisa de aquel hombre tan alto y seductor. Sé que le gustaba mucho este cuadro, que pinté como un homenaje personal a su familia de origen.
Mi abuelo Bello, llegó aquí alrededor de 1920, desde Orense, Galicia. No traía más que sus ganas de trabajar y su honestidad. En la Argentina progresó, formó una gran familia de cinco hijos y muchos nietos. Yo soy la mayor. Mis padres viajaron a Europa en los años 70’ y fueron a conocer el antiguo pueblo de mi abuelo. Tomaron algunas fotografías de la única hermana que aún vivía en aquella rústica casa de piedra, que había permanecido igual por casi cincuenta años. Yo observé secciones de las fotos y recompuse la imagen mucho después, con la viejita Isolina en el centro, sus descendientes y unos vecinos. Sé que el lugar era sumamente humilde, pero los recibieron como reyes. Mi madre nos contaba que les ofrecieron sábanas de un blanco inmaculado, unos huevos exquisitos e infinito cariño. No los dejaban partir, eran seres muy afectuosos y demostrativos.
Creo que las montañas de fondo no corresponden exactamente a la realidad, he imaginado gran parte del paisaje, ya que en las fotos sólo se veían los personajes, parte de la casa, las plantaciones y los pobres cerditos, que supongo, en aquel entonces, habrán terminado en jamón.
Es una de mis pocas pinturas naïves en las que he pintado la naturaleza.Esta casa de piedra, la guardaré para siempre en lo profundo de mi corazón.
Creo que las montañas de fondo no corresponden exactamente a la realidad, he imaginado gran parte del paisaje, ya que en las fotos sólo se veían los personajes, parte de la casa, las plantaciones y los pobres cerditos, que supongo, en aquel entonces, habrán terminado en jamón.
Es una de mis pocas pinturas naïves en las que he pintado la naturaleza.Esta casa de piedra, la guardaré para siempre en lo profundo de mi corazón.
Y hoy, en el día del Padre, decido compartir con ustedes este íntimo recuerdo, para mi abuelo Tomás y para mi padre, que se llamaba igual. Y que un par de años antes de morir, logró que le otorgaran la nacionalidad española, por la que tanto había esperado.
Mi amiga Victoria, desde su blog, me dedica esta canción gallega, tan dulce. Con seguridad, representa lo que sintió mi abuelo al dejar esas tierras en busca de lo desconocido...









