"Hombre enamorado"( "Man in love"), acrílico sobre tela, 40 x 40cm, 2008.
En Argentina,
el 14 de febrero, día de San Valentín no es muy festejado. Los últimos años, se convirtió en una excusa de parejas solteras o casadas, para hacer regalos y salidas románticas.
En honor al Amor que se celebra en esta fecha, saco de mi buhardilla esta obra, pintada a fines del 2008, que aún no había exhibido aquí.
El “
Hombre enamorado”, anda sobre la ciudad como un equilibrista y no siente temor. En su entusiasmo casi irracional apenas distingue el día y la noche, su cabeza anda por las nubes y su jovial espíritu flota por ahí. Su entrega es tan desmedida, que lleva el corazón en su mano, corriendo el riesgo de que se lo arrebaten con facilidad. Sin embargo, late a todo galope, alegre y confiado. De su galera salen volando etéreas mariposas, como por arte de magia. Las mariposas son un símbolo de belleza y fugacidad, tal vez como el
Amor.
Un tiempo después de pintar esta obra, me puse a pensar en dónde había leído, acerca de alguien a quien lo rodearan las mariposas cada vez que aparecía. Y recordé, que en “Cien años de soledad”, novela magistral del Premio Nobel colombiano Gabriel García Márquez, existía un personaje con tal característica excepcional. En esta novela, obra cumbre de la literatura hispanoamericana, caben tantas historias y generaciones, que me costó reencontrarlo. Pero finalmente lo hallé, en un breve y triste relato de amor, incluido en la gran historia familiar de la familia Buendía.
Se trataba de Mauricio Babilonia, un aprendiz de mecánico de los talleres de la compañía bananera, con rasgos de gitano, que se roba el corazón de Meme, hija de Fernanda y Aureliano Segundo. Los jóvenes viven una relación furtiva y muy apasionada. Ella se había vuelto tan loca de amor, que había perdido el sueño y el apetito. Desde la primera vez que se encuentran, el aleteo de las mariposas acompaña al personaje masculino.
“Fue entonces cuando cayó en la cuenta de las mariposas amarillas que precedían las apariciones de Mauricio Babilonia. Las había visto antes, sobre todo en el taller de mecánica, y había pensado que estaban fascinadas por el olor de la pintura. Alguna vez las había sentido revoloteando sobre su cabeza en la penumbra del cine. Pero cuando Mauricio Babilonia empezó a perseguirla…comprendió que las mariposas amarillas tenían algo que ver con él…en el público de los conciertos, en el cine, en la misa mayor…ella no necesitaba verlo para descubrirlo, se lo indicaban las mariposas.”
Sin embargo, Fernanda, la madre de la joven se opone terminantemente a esta relación y cuando los descubre, planea terminarla.
La joven Meme lo aguardaba todas las noches, en el baño, desnuda y temblando, entre las mariposas que invadían la casa desde el atardecer. El audaz Mauricio Babilonia levantaba las tejas del techo, para ingresar furtivamente a encontrarse con su amada. La odiosa y estricta madre contrata una guardia nocturna para la casa, que no duda en dispararle al joven, que es acusado de ladrón de gallinas y queda inválido para el resto de su vida, sin siquiera defenderse. Meme es enviada a un convento. Un tiempo después da a luz a un hijo, que recibirá el nombre de Aureliano en honor a su abuelo. Permanece muda para siempre, como signo de rebelión, recordando a su querido Mauricio. En su viaje hacia el claustro, pudo ver "la última mariposa amarilla destrozándose en las aspas de un ventilador", como un fatal signo del fin de la historia. Quizás en esta novela, todos los personajes están predestinados a padecer la soledad.
Amores eternos o amores fugaces, lo importante es vivirlos.
¡¡¡Feliz día de los enamorados!!!