
Ya llegan las breves “vacaciones” de Pascuas y mucha gente buscará unos días de relax. Les muestro un lugar ideal para escapar del mundanal ruido. A fines de febrero, pasé unos días en
CARILÓ, un mágico bosque a orillas del mar, en la costa atlántica argentina.
Cariló (Médano Verde en lengua Mapuche) es una reserva natural de bosque, dunas y playa, un lugar de ensueño, que parece salido de un cuento… Es un claro ejemplo de lo que puede lograr la iniciativa humana cuando modifica la naturaleza sin violar sus reglas. Sin la intervención del hombre, este hermoso bosque sería hoy dunas gigantescas, un desierto árido a la orilla del mar. En 1920 la familia Guerrero comienza la fijación y forestación sobre la arena. Poco a poco, la plantación va llegando al mar… El verde llega hasta la arena y yo imagino que en algún punto, bosque y mar se conectan debajo de la tierra y los peces nadan en un submundo líquido, oculto bajo los árboles frondosos.
Graciela Bello,"El mar escondido", 2011. acuarela, collage y rotring sobre papel.
En este bosque, si bien existen viviendas, comercios y hoteles-cabañas, se limita la urbanización descontrolada, a fin de defender la naturaleza y preservar la flora y la fauna. Por eso, las calles no son pavimentadas. En 1970 los hijos del fundador designaron las calles perpendiculares al mar con nombres de Plantas (“Álamo, Cedro, Ciprés, Ceibo, Araucaria, Cerezo, Avellano...”) y a las paralelas al mar, con los nombres de Aves existentes en el lugar, (“Paloma, Jilguero, Hornero, Gorrión, Garza, Mirlo, Colibrí…”para dar algunos ejemplos.) Nada de batallas, próceres o países...Árboles y pájaros son los protagonistas de este lugar.
Graciela Bello, "Volar en el bosque", 2011.acuarela, collage y rotring sobre papel.
Cada vez que visito este bosque, me llevo un pequeño gnomo de cerámica para mi taller. Ellos habitan en este lugar, se sienten muy a gusto, como no podía ser de otra manera. Se asoman por las ventanas de las casitas como en los cuentos, trepan por los árboles, arrojan estrellas al que pasa, tocan la campana, convidan chocolates...Son seres de la tierra, amantes de la música. Una antigua leyenda cuenta que mientras los seres humanos dormían, los gnomos les agradecían la hospitalidad, llevando a cabo algunas tareas y arreglos durante la noche. Ahora comprendo mejor porqué me llevé varios gnomos a un estante del taller. Buscaba protección y alegría. Pero…quién sabe? Tal vez alguna noche me ayuden a terminar un cuadro!!!!

Los gnomos del bosque de Cariló en mi taller